martes, 1 de julio de 2014

Kharg Dragga

Es un Guerrero Uruk, la piedra dura del grupo a la hora de dar tortas. Es un macho, ya que a las hembras los Uruk-hai las guardan en corrales para aparearse. ¿Alguien habló de igualdad?
Es extremadamente fuerte y resistente, y bastante ágil.
Kharg Dragga resulta tener 1,75m de altura, pesar 90Kg, piel negra, pelo negro corto, ojos de gato marrón rojizo, colmillos y edad indefinida.
Nació, como todos los Uruk-hai, en un corral de hembras, donde se hubiera quedado de ser hembra, pero resultó ser macho, así que fue arrancado de las garras de su madre y criado como soldado y sirviente de los machos más viejos y poderosos. A los quince o veinte años de edad, no lo sabe bien, después de años de entrenamiento infantil, hizo lo que todos los Uruk-hai de su tribu: desafiar a uno de los Guerreros. Como casi todos los novatos, perdió el combate, pero fue lo suficientemente hábil y fuerte como para ganarse el respeto de los Guerreros, pasando así su Iniciación y convirtiéndose en uno de ellos. Su mayor recompensa fue poder cortarse el pelo como los Guerreros y llevar Cota de malla, pero además el Guerrero contra el que luchó le regaló, por tradición, una de sus propias armas: una espada ancha particularmente bien forjada, de factura humana, que lleva siglos en la tribu.

http://www.medieval-weaponry.co.uk/acatalog/john-barnett-viking-broadsword.html
Tras ello, Kharg entró, como muchos los Guerreros de su tribu, al servicio de la ciudad de Toleror como mercenario. Allí completó su entrenamiento y aprendió a montar, y los Uruk-hai de la Guardia de la Ciudad le proporcionaron un hacha y una cimitarra, aparte de la Cota de malla que se había ganado el derecho a llevar.
Como mercenario de la ciudad, participó en la defensa contra algunas incursiones de Hombres del Este y Orcos, y en algunas expediciones de castigo. En estos combates conoció a (y luchó con) Erka, Ira y Ömer, formando los cuatro una patrulla bastante eficiente. En un asalto a un campamento de Hombres del Este hostiles, se hizo con un botín curioso: un anillo de oro con una piedra de color rojo sangre. Pensando en venderlo lo llevó a que lo examinaran los clérigos de la ciudad, que le explicaron que se trata de un anillo que puede lanzar un hechizo para detener hemorragias, así que decidió quedárselo ya que “fiemfrre puede rrefultarr útil”. Los clérigos le enseñaron a utilizarlo, y ahora lo lleva siempre en el meñique de su mano izquierda.

http://ancientpoint.com/inf/54-roman__gold__ring__with__red__stone___10_50g18x22mm_______r_314.html

Aventuras

Capítulo 1

El Burgomaestre de Toleror, Threomund, un Rohir de la casa de Eomer I, encargó a la patrulla de Kharg, Erka, Ira y Ömer proteger a unos enviados de Gondor que iban a buscar el Hacha de Gimli. Acompañando a los enviados al prado donde se desarrollaba el mercado dominical de la ciudad, fueron atacados por un grupo de Hombres del Este. Kharg Dragga luchó a brazo partido, aunque sin mucha suerte.
Los comerciantes, agradecidos, regalaron diversos presentes a toda la partida (en realidad no les cobraron lo que habían ido comprando para el viaje). Kharg obtuvo una maza de combate, una mochila, unas antorchas, yesca y pedernal, una cantimplora, cuerda, estacas, una lámpara, un frasco de aceite y raciones de viaje para 15 días. Además el Burgomaestre le proporcionó un caballo pesado y una dosis de Gylvir que le permitirá respirar bajo el agua.

http://www.turbosquid.com/3d-models/mace-3d-model/336366

Capítulo 2

En el viaje al norte con el grupo, Kharg entró junto con el resto de aventureros en un torreón cerca de una aldea. Allí encontró una espada élfica. La espada brilla en cercanía de orcos, con lo cual al llevarla Kharg brilla constantemente. Además obtuvo 7 botes de ungüentos orcos sin etiqueta y algo de dinero en monedas antiguas, que repartieron entre los expedicionarios.

http://thorinoakenshield.net/2012/04/10/orcrist-the-sword-of-thorin/

http://historicenterprises.com/reenactment-goods-c-102/camp-gear-c-102_159/ointment-pot-p-1585.html

Capítulo 3

Cerca de la misma aldea el grupo fue en busca de algunas muchachas desaparecidas, encontrando la casa de una bruja, que era la culpable. Tras una muy corta e intensa batalla (un único golpe de Kharg fue lo que mató a la bruja) el grupo exploró la casa. Al volver a la aldea, los aldeanos les entregaron un extraño objeto en agradecimiento por matar a la bruja y devolverles el cadáver de una de las chicas: una placa de mithril con agujeros.

martes, 27 de mayo de 2014

Diario de campaña: El Hacha de Gimli. 1.1

[El guión de la partida aquí]

Los jugadores se sentaron a la mesa, revisaron sus fichas, calentaron los dados, comieron papas fritas y bebieron refrescos... y listos para una campaña de MERP.

Tras recibir la información sobre la ambientación de la campaña [Preludio] y revisar los detalles que no entendían, en particular cómo podía ser que un Uruk-Hai fuera un personaje y no el enemigo a batir, los dos grupos de personajes se dedicaron juntos a equiparse. Cuerdas, antorchas, lonas... fueron pidiendo todo lo que pretendían tener y apuntando los precios, y cuando habían acabado les dije que se acercaba un grupo de saqueadores.

La intención era clara: que los jugadores pudieran probar el sistema y las fuerzas de sus personajes, y acostumbrarse a ellos.

Pero claro, jugadores novatos en el sistema con personajes que no conocen bien y con ganas de juerga, caos seguro. Todos entraron al trapo.

Ira de los Vientos, como Barda, jugó adecuadamente a su personaje (y se llevó una buena cantidad de Puntos de Experiencia por Ideas por ello) tranquilizando a los saqueadores. Al menos a dos de ellos, que después murieron. Tranquilamente.

El Animista,utilizando su bastón de Muro de Aire diario III, creó un muro de aire que lo separara de los saqueadores. Claro que jugando sin miniaturas ni mapa para conocer las posiciones de los personajes iba a ser un poco complicado que fuera útil. De hecho fue completamente inútil. En vista de eso entró al combate con su espada corta, consiguiendo hacer dos críticos y cobrar dos piezas, incluido el jefe (el del carro). Claro que ninguno de los oponentes se centró en él.

Ömer Sahin el Montaraz se metió en combate y se sintió bastante seguro cuando su primera herida fue de 3 puntos de vida. Así cualquiera combate. Pero un asalto después un ataque máximo de 22 puntos de vida y un crítico E lo enviaron a las Estancias de Mandos bastante rápido.

Risas y cachondeo, el combate proseguía. Mientras el jugador de Ömer se acercaba a por provisiones, Rawen la barda también entró al trapo atacando sin que nadie se fijara en ella, cobrando otros tres críticos.

Erka Tyelka el Rohir fue el centro del combate: decidió intentar proteger a Bobbin Tuk, el Mago Hobbit, así que tuvo que enfrentarse a los dos saqueadores que fueron a por él y además al que fue a por Bobbin. Con la suerte de tener a todos los enemigos a su frente salió de allí con 12 puntos de vida menos y cobrando tres críticos y dos piezas.

Kharg Dragga, el Guerrero Uruk-Hai, se metió en medio del combate, perdiendo un total de 30 puntos de vida, minucias para él, y dando leña de la buena incluso aunque pasó tres asaltos aturdido, haciendo tres críticos y dejando escapar una pieza por culpa de Bobbin Tuk, que lo primero que hizo fue esconderse bajo el puesto de un mercader, y luego tratar de ayudar al combate desde su escondite con sus dagas. Claro que la primera daga que tiró rebotó en el propio techo bajo el que se escondía (la mesa de un puesto del mercado) y le dio en la nuca, dejándolo fuera de combate tres asaltos. En los siguientes asaltos, bien usando su otra daga desde su escondite contra las piernas de sus oponentes o lanzándola consiguió un crítico y una pieza. Al último enemigo, que al verse solo y herido empezó a huir, le lanzó una manzana, con tan buena suerte que le dio en la nuca: otro crítico y otra pieza, la que iba a cobrarse Kharg Dragga. Como consecuencia, tenemos un Uruk-Hai enfadado con un Hobbit y una anécdota que comentar. Kharg y Bobbin se llevaron prácticamente el resto de los Puntos de Experiencia por Ideas de la sesión.

Finalizado el combate llegaron las tropas de Toleror con la evidente misión de evitar que los personajes saquearan los cadáveres, a ver si se van a creer que esto es D&D o qué. Los Animistas de la ciudad evitaron el deceso permanente de Ömer, mientras el Burgomaestre Threomund cumplió con el guión y les dio caballos y provisiones, aparte de algunas hierbas.

Los jugadores tenían ganas de más, así que pasaron a la segunda escena, aunque los jugadores de Ömer y Rawen tuvieron que marcharse.

El Hacha de Gimli. Capítulo 1, escena 1: el mercado de Toleror

Capítulo 1, escena 1

[Viene de Preludio]
El mercado es un prado a las afueras de la empalizada de la ciudad de Toleror. Cuando los personajes están más o menos equipados aparecerá un grupo de bandidos Hombres del Este dispuesto a atacar el mercado y saquear lo que puedan. No es un gran ataque (5 enemigos de nivel 1 y uno de nivel 3) sino más bien un intento de saqueo. Es posible que sea mucho para los personajes, en cualquier caso.
    Enemigos:
  • 1 Guerrero Hombre del Este Nivel 1 a caballo
  • 3 Exploradores Hombre del Este Nivel 1 a caballo
  • 1 Montaraz Hombre del Este Nivel 1 a caballo
  • 1 Guerrero Hombre del Este Nivel 3 en carro
Las tropas mercenarias y propias de Toleror están de camino, pero los personajes están allí. La ayuda llegará cuando ya no sea necesaria (si a los PJ les va bien) o cuando más falta hagan (si les va mal).

Tras la escaramuza, Threomund entrega armas extra a los PJ, por su ayuda, y les proporciona los caballos y la comida (humana) prometidos y un mapa de la zona entre las Montañas de Ceniza y Rhûn. Además, los mercaderes les regalarán lo que habían comprado, y si la batalla ha ido bien para los personajes y han demostrado su valor, es posible que reciban algunas hierbas extra.

El hacha de Gimli. Preludio.

Esta es la historia subyacente a la actual campaña de El Juego de Rol de la Tierra Media que estoy dirigiendo con mis amigos. El Hacha de Gimli.

Los personajes inicialmente se conocen en dos grupos. El grupo formado por el Explorador Semielfo, el Animista Burgués (Fox), el Mago Hobbit (Bobbin) y la Barda Dúnadaneth (Rawen) reciben el encargo del Señor de las Cavernas Centelleantes de Aglarond para que encuentren el Hacha de Gimli, perdida casi un milenio ha. Gimli, hijo de Glóin, es el más reverenciado héroe de las siete tribus de los Enanos. Además de ser quien finalizó la enemistad con los elfos gracias a su amistad con Legolas, hijo de Thranduil, durante la Guerra del Anillo al final de la Tercera Edad, es hijo de uno de los Trece Enanos que reconquistaron Erebor para la Casa de Durin, fue el primer Señor de las Cavernas Centelleantes de Aglarond y es el único enano que ha viajado sobre el mar hasta Valinor.

Se dice que tras visitar Aglarond y el Bosque de Fangorn con Legolas, ambos se dirigieron al Este, más allá del Mar de Rhûn. Algunos dicen que buscaban Cuiviénen, el lugar de nacimiento de los Elfos.

En cualquier caso la última pista fiable es la ciudad de Toleror, en la cara norte de las Ered Lithui (Montañas de Ceniza), al norte de Mordor.

El grupo formado por el Guerrero Uruk-Hai (Kharg), el Bardo Numenoreano Negro (Ira), el Montaraz Rohir (Erka) y el Montaraz Hombre del Este (Ömer) son parte de las tropas de Toleror, habiendo combatido juntos en varias ocasiones.

Preludio


El primer grupo ha llegado a Toleror y se ha entrevistado con el Burgomaestre, que les ha confirmado que Gimli y Legolas estuvieron allí cuando era solamente un campamento de Hombres del Este derrotados.

El Burgomaestre Threomund, un Rohir de la casa de Eomer I, les lleva a un pequeño altar de piedra gris, evidentemente tallado por enanos de la roca de las Ered Lithui, donde se distingue la runa enana:

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Threomund invita a algunos de sus hombres de armas (el segundo grupo) y les encarga la misión de proteger a los buscadores (el primer grupo). A continuación les cuenta a todos que se sabe que Gimli partió de allí hacia el norte, con Legolas Hojaverde, camino del Mar de Rhûn, que algunos dicen que es el resto del Mar de Helcar, en cuyas orillas se encontraba Cuivénen. A la vuelta hacia las Cavernas Centelleantes de Aglarond, donde Gimli era el primer Señor, éste iba sin su hacha, aunque ninguno de los dos quiso decir dónde la dejó, ni si habían llegado a Cuiviénen.

Threomund les invita a pasar por el mercado de la Ciudad, donde podrán aprovisionarse bien. Tratándose de la misión de que se trata, la comida corre por cuenta de la Ciudad. Además les dice que les proporcionará caballos (a los personajes que no dispongan de uno propio).

[Continúa en Capítulo 1]

Toleror

La ciudad de Toleror ha evolucionado a partir de un campamento de Hombres del Este establecido por tropas de Sauron durante la Guerra del Anillo. Tras la victoria de Gondor, Toleror, como todas las tierras de Mordor, pasó a ser parte del Reino del Sur. Debido a los pastos verdes, Aragorn hijo de Arathorn encargó a algunos de los Rohirrim que vigilaran la ciudad en su nombre. Algunas generaciones después, tras un gran incendio en Umbar, grupos de Numenoreanos Negros, ahora nominalmente fieles a la casa de Isildur, se establecieron en las fronteras del Reino del Sur, algunos de ellos en Toleror.

Cientos de años después, algunos de los orcos y uruk-hai de Mordor, libres del yugo de Sauron, buscaron cobijo cerca de Toleror. Algunos de ellos, por su brutalidad, fueron contratados como mercenarios por la Guardia de la Ciudad. No son amados, pero son respetados ya que ayudan a luchar contra las incursiones de otros orcos y de los Hombres del Este, que crecen de nuevo en fuerza a medida que Gondor se anquilosa de nuevo.

martes, 18 de septiembre de 2012

Siete balas

Siete. Quedaban siete balas. No eran muchas, y había que guardarlas bien.

Probablemente no harían mucha falta. Las cosas estaban empezando a mejorar, había una suerte de orden social. Pero sólo en las ciudades. Fuera de los muros las cosas seguían siendo salvajes.

Zak miró sus armas. Una vieja pistola automática, con sus siete balas, un sable, un bastón con filo y varios cuchillos. El sable bastaba para no meterse en líos por la ciudad. La automática, para enseñarla en alguna ocasión.

Ya no quedaban muchas balas por ahí, desde el Hundimiento. Cada vez había menos, y estaban más caras. Pronto las armas de fuego serían sólo un objeto de museo.

Zak decidió ir a la taberna. Comer todos los días se había convertido en costumbre, y en la taberna podía encontrar unas monedas. Cualquiera que necesitara un brazo de alquiler lo buscaba allí.

Miró detenidamente su aspecto en el destrozado espejo del salón: Larga y raída gabardina, antes negra, con capucha echada para detrás. Por encima, su cabeza, con el pelo cortado al estilo militar, gafas de sol de plástico duro (una auténtica reliquia de finales del XX), y una mueca estudiada de desdén. Bajando, un pañuelo rojo al cuello, anudado con cuidado para que fuera casi invisible excepto de frente, y cazadora de camuflaje, llena de bolsillos, bajo la que asomaba una camiseta de polilycra negra. Al final de la cazadora se adivinaba un cinturón de cuero con hebilla tradicional. Por debajo, pantalón de micropana impermeable negra. Al final, una botas militares de montaña de principios del XXI. Una delicia: cómodas, calientes en el frío, aireadas en el calor, impermeables y transpirables, de caña alta y de color marrón claro. Zak siempre deseó que aquel cadáver las hubiera llevado oscuras.

Zak salió de casa hacia la taberna. Al llegar saludó a la camarera.

-Hola rubia.

La camarera, que no era rubia, le contestó:

-¿Vienes a pagarme lo que me debes, feo?

Lo de cada tarde, porque él tampoco era feo:

-No, eso cuando me contraten para la tele. Un café largo, con...

Ella coreó el final de la frase:

-...con hielo y limón. Venga cielo, ahora te lo traigo.

Zak nunca pedía alcohol en la taberna. Hasta el mínimo afectaba a los reflejos. Y los reflejos siempre hacían falta para los negocios.

Mirando alrededor vio lo de siempre: cinco o seis brazos de alquiler como el suyo, un par de parroquianos y una o dos personas necesitadas de ayuda que no se atrevían a pedirla o, simplemente, a preguntar cuánto cuesta.

Una persona extraña entró en el local. Traje impecable imitación italiano, gafas de sol, zapatos pulidos... El extraño miró alrededor y se dirigió directamente a Zak.

-¿Zacarías Argue?

-Depende. ¿Quién pregunta?- Zak se arrepintió casi instantáneamente de la estereotipada respuesta, pero no lo dejó traslucir.

-Hay alguien que quiere contratarle. ¿Cuánto?

-Eso está en función del tipo de trabajo.

-Llevar un paquete de un sitio a otro.

-¿Trabajo de recadero?

-Pongamos que alguien no quiere que el paquete se pierda por el camino, bajo ningún concepto.

-Todos los gastos del viaje, más la tarifa habitual dependiendo del riesgo.

-Bien. Vamos.- El extraño pagó la cuenta de Zak y se dirigió a la puerta. Zak fue detrás. Si iba a ser una trampa, le podían haber pegado ya un tiro, así que no había tanto que perder. En la calle había un coche de los de antes, de gasolina, de principios del XXI, negro brillante. El extraño abrió la puerta y Zak entró.

El coche estaba forrado de cuero, de verdad. Los asientos eran de cuero teñido de azul marino. Dentro, a su lado, estaba Vemos, uno de los hombres más ricos de la ciudad.

-Me han dicho que es usted bastante bueno, y sobre todo de fiar.

-Sí, si la paga es buena. Por curiosidad, ¿quién dice?

-No importa. Se trata de llevar un paquete, de mi casa al monasterio budista de Chesilna.

-Son casi mil kilómetros. ¿Qué es el paquete?

-Para usted es sólo un paquete.

-Sí. Me refiero a tamaño, peso y riesgo.

-Venga conmigo.

El coche arrancó, y llegó a la ciudad jardín, en las afueras, la única zona de la ciudad un poco cuidada. Claro que cada casa tenía medio ejército de guardaespaldas, y un ejército completo de jardineros, barrenderos y criadas. Entraron en la propiedad y llegaron a la puerta. Allí estaban un hombre con uniforme como de mayordomo y un niño.

-Este niño es su trabajo.

-Este no es un servicio de portes normal. No soy niñera.

-No lo necesita, no le causará problemas.

-La paga sube.

-Lo comprendo.

-El doble de los gastos de viaje normales, y un palé de latas sin caducar.

-¿Y eso es?

Zak calculó mentalmente.

-Mucho para llevarlo a cuestas mil kilómetros.

-Puede parar en Sota. Un agente mío allí le dará el resto.

Dos latas al día, cuarenta kilómetros al día, diez días, veinte latas.

-Veinticinco latas para nosotros, y unas treinta más para gastos en la primera parte del viaje. Pongamos sesenta latas y la bebida.

-Bien. Saldrán inmediatamente. A su vuelta aquí tendrá el palé esperando, a menos que prefiera que lo llevemos a su casa.

-A mi vuelta lo pueden llevar a casa, pero que sea discretamente. En mi apartamento no tengo gorilas que lo vigilen mientras trabajo.

Vemos asintió. Un hombre se acercó con dos mochilas. En una había unas cuarenta latas de comida, de las que envasaron antes de la Guerra, y un par de botellas de bebida energética. En la otra unas veinte latas más y otra botella. El hombre además se acercó con dos cargadores llenos y un cuchillo.

Zak miró los cargadores. Ninguno valía para su automática, pero en uno de ellos las balas sí valían. Zak sacó las balas y se las metió en un bolsillo.

Vamos lo miró de arriba a abajo.

-Cuando quieran.

Las puertas de la finca se abrieron. Zak le dijo al niño:

-No te separes de mí para nada.

El niño asintió, cogió la mochila ligera y se la puso. Zak se puso la otra y empezó a caminar hacia fuera.

domingo, 24 de junio de 2012

El reino de Sabán: Grecie

En la zona occidental del continente, siglos ha, se encontraba el Reino de Sabán. Un reino fundado al final de los Siglos Oscuros, por la alianza de los Altos Elfos y los Altos Hombres, donde todos, humanos, elfos, enanos, hobbits y orcos pudieran vivir en paz.

Los enanos ocuparon las montañas, o mejor dicho, cavaron bajo ellas, mientras los elfos ocupaban bosques, praderas o ciudades, según sus apetencias, los hobbits se acercaron a las orillas de los ríos, los humanos labraban tierras y fundaban ciudades, y los orcos compartían túneles con los enanos, aparte de ocupar las zonas volcánicas.

Los Altos Reyes, Sezé de los Elfos y Cameted de los Humanos, establecieron un gobierno donde ninguno de ellos era más que el otro, y aprendieron a gobernar en conjunto. Y así ocurrió durante los siglos de vida de Sezé y su hijo Cizé, mientras los veintiséis Altos Reyes de la estirpe de Cameted compartían el trono con ellos.

La justicia era justa, el gobierno amable, y los caminos seguros. La época del Reino de Sabán es concida hoy como los Siglos Dorados del continente.

Pero nada bueno dura demasiado. Los descendientes de Cameted se sentían inferiores a Sezé y Cizé, que se portaban como bondadosos padres sin entender que, a veces, un consejo de experto a novel, entre Reyes supuestamente iguales, podía doler. Poco a poco las relaciones entre Altos Elfos y Altos Hombres se fueron enturbiando, hasta los Disturbios de la Congoja, que arrasaron Sab, la preciosa capital, y terminaron con Sabán.

En su lugar surgieron pequeños reinos enfrentados, la mayoría de las veces monoraciales, aunque en algunos convivieran dos o tres razas casi en paz. En uno de ellos, Grecie, surgió una especie de convivencia pacífica entre elfos claros, humanos y hobbits.



Grecie se encuentra limitado al oeste por las Montañas Afiladas, de dura roca, hogar de enanos (al norte) y orcos (al sur del Camino de las Montañas). Nunca estuvo claro si el Bosque de Sécher, al pie de las Montañas y hogar de los Elfos de los Bosques, es parte de Grecie o no. Junto al bosque se encuentra Muroth, la ciudad de los hombres del río. Al sur del Camino de las Montañas Afiladas se encuentra la Ciudadela de Cend, hogar de los Altos Elfos y completamente independiente de Grecie.

El resto del país son campos verdes o de labor, a ambos lados del Sung, el gran río de Grecie, en cuyas orillas a veces se encuentras zonas de población hobbit, salvo en la zona de las Quebradas Tori, zona de campamentos orcos, donde ambos brazos del Sung se unen.

El extremo este del país es justamente la capital, Grecie, partida del Camino de las Montañas afiladas y de otros caminos en todas las direcciones: al este al desierto, al sur hacia el Reino de Vower y al norte hacia las Tierras Yermas de los Caballos. La ciudad de Grecie es una extraña mezcla de humanos y elfos claros, con pequeños barrios hobbits y mercaderes de todas las razas yendo y viniendo.

Una de las leyendas de Grecie cuenta que, en los tiempos del Reino de Sabán, Armeted, el cuarto de los descendientes de Cameted, llavaba una armadura de oro, una de cuyas piezas regaló a un nómada elfo, en alguna zona entre la Antigua Posada (considerada más o menos el centro de Grecie) y las Montañas Afiladas, cuando el elfo mató de un flechazo al caballo desbocado en que montaba el hijo del Alto Rey, que corría hacia un precipicio amenazando con despeñarse con el heredero en la silla.

El pectoral de oro es desde entonces material de leyendas en Grecie, y se dice que se encuentra en la tumba del elfo, en una necrópolis cerca de donde ocurrieron los hechos. Quien lo lleve, se cuenta, nunca retrocederá en combate.